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"El síndrome del impostor"

Cuántas veces no hemos escuchado esa voz en nuestra cabeza que nos dice: “Tú no sabes”, “tú no puedes”, “No eres lo suficiente” “Seguro fue suerte”, entre muchas otras frases que lo único que hacen es quitar el mérito de las cosas que sabemos o hemos logrado.

De manera frecuente, escucho a las personas que acuden a consulta con pensamientos de este tipo, aunque cuando me cuentan sobre sus vidas yo puedo identificar sus habilidades, fortalezas y logros, suelen encontrar una justificación del porqué sucede eso, pese a las evidencias que existan en cuanto a los recursos con los que cuentan y el cómo los utilizan. Sus discursos siempre vuelven a lo mismo: “se van a dar cuenta que no soy tan bueno” “yo no soy tan hábil como lo dicen” “todo eso ha sido pura suerte”.

Este sentir tiene nombre: “El síndrome del impostor”. Se trata de la incapacidad persistente de creer que el éxito que hemos conseguido no es merecido o que no se ha conseguido de forma legítima y que no es el resultado del esfuerzo propio.

Sentirse de esta forma tiene un costo alto a pagar. En primer lugar, sus efectos suelen ser bastantes negativos, porque, como ya lo mencionamos, son pensamientos recurrentes sobre no ser suficientes, que en muchas ocasiones nos llevan a hacer comparaciones con lo que otras personas saben, hacen o tienen. En segundo lugar, se presenta constantemente el miedo a fallar o a ser descubiertos y esto puede llevar a renunciar fácilmente a proyectos o actividades que quisiéramos hacer, o bien a sobre exigirnos para cubrir esas “incapacidades”, lo que desencadena cansancio emocional, culpa y frustración.

Estas creencias que normalmente suelen ser irracionales pueden tener diferentes orígenes, desde las expectativas que nos ponen nuestros padres, criticas hacia lo que hacemos, comparaciones con otras personas de nuestra familia, amistades o compañeros de la escuela. Otro origen puede recaer en los discursos de la sociedad sobre lo que es el éxito, lo que “deberíamos” hacer y tener. Y no cumplir con estos estándares “tan altos” nos lleva a percibirnos como fracasados, sentir que no hacemos lo necesario o que tenemos que esforzarnos aún más. Se puede pensar que estos discursos no nos afectan, pero se terminan internalizando y terminamos por ser autoexigentes y empezamos a ponernos metas exageradamente altas, para cumplir con lo que “debería ser”.

Trabajar este tema se trata de revisar nuestras creencias irracionales sobre el éxito, sobre el deber ser, así como hacer conciencia de nuestras propias expectativas para poder aterrizarlas a la realidad, observar los propios sesgos y empezar a valorar las habilidades, recursos, fortalezas e incluso asumir nuestras propias limitaciones. Finalmente, reconocer que los logros y éxitos no siempre son los “grandes” logros que nos marcan otros, sino que hay otros logros que por mínimos que parezcan también deben ser reconocidos por el esfuerzo que llevan en sí mismos. 

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